Unexpected

Hoy me ha pasado algo irreal e inesperado. Una de esas cosas que no te pasan a ti, sino a un amigo de un amigo, a un familiar de un vecino, a alguien más en general.

Fui a la biblioteca, cogí un libro sobre Historia de Gran Bretaña y volví a mi sitio a seguir trabajando. Por el camino noté que una página sobresalía, era más ancha que las demás. Como era un libro ilustrado, pensé que sería algún tipo de lámina que se había descolgado un poco, esas cosas que pasan con el uso. Pero al abrirlo me llevé una gran sorpresa. Esa página era en realidad una cartulina blanca dibujada a lápiz.

Antes de dibujar la habían utilizado para limpiar pinceles y para hacer pruebas con bolígrafos. También habían hecho una cuadrícula a lápiz para guardar la proporción en uno de los lados. Obra de un profesional.

Lo primero que vi al abrir el libro fue el dibujo de un anciano:

2014-01-17 19.24.47

Y por el otro lado había una pareja con un bebé:

2014-01-17 19.24.55

¿De quién era? No lo sé, no había ningún nombre. Sólo dibujos. Lo que sí sé es que el libro no se había sacado de la biblioteca desde marzo del 2013. Ese dibujo llevaba mucho tiempo esperando ver la luz de nuevo.

Al terminar, dejé la lámina en su sitio, dentro del libro, y lo devolví. Espero que le alegre el día al próximo que la vea, y que continúe ahí por mucho tiempo.

Ansiedad

Dolor en el pecho, nervios. El dolor se extiende: brazo izquierdo, hombro, espalda, cuello. Es un dolor agudo, punzante. Te paraliza. Dejas de respirar.

Bocanada de aire, dolor. Desesperación. Lágrimas. Vuelves a no respirar.

Piensas “si me duele otra cosa, esto parará”. Sí, eso es. Eso tiene que ser. Es lo que necesitas que sea. Te golpeas. No funciona. Te golpeas más. Sigue sin funcionar. Dejas de respirar por tercera vez.

Te escondes, cuanto más pequeño sea el hueco, mejor. Te haces un ovillo. Esperas. “No quiero morir”, piensas. Deshechas esa imagen, o lo intentas.

Respiras poco a poco. El dolor empieza a desvanecerse. Aprendes que es respirar lo que duele. Aguantas el aire. Aprendes que así duele más.

Intentas normalizar la respiración, te levantas. Caminar y respirar es lo que duele ahora. Te encoges. Esperas.

Te encuentras a alguien. Cara de preocupación. “No me toques”. “No te acerques”. “No me mires”. “Vete”. Pero te da miedo estar sola, y hablar duele. Sonríes, “no pasa nada, no es nada”.

Te vas. Dolerá unos días más, cada vez menos. Tendrás miedo a dormir. Es un proceso lento, pero sobrevivirás.

Y, si no, al menos lo intentas.

Abuela

Ha pasado un año y yo me siento igual que al principio. Sé que pasó lo que tenía que pasar, que es mejor así, que lo que tenías no era vida…

Pero me gustaría no tener que echarte de menos.

Durante los últimos años me dolía mirarte porque tus ojos me decían que no sabías quien era yo. Más tarde, la pregunta sería quién eras tú misma. Llegados a ese punto, supe que iba a acabar, que tenía que acabar. Pero supongo que no quería verlo.

Me habría gustado tenerte más cerca, ser siempre la niña que se quedaba dormida entre tus brazos, que salía contigo a pasear y que saltaba entre la alfalfa seca, siempre de tu mano.

Sin ti nunca habría llegado a ser quien soy.

Sólo espero no tener que olvidarte nunca.