IV

Eres tan grande que te mereces

un verso completo de mi tiempo.

 

Quiero pasar todo un poema contigo.

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III

Yo estaba tan rota,

perdida,

resquebrajada

en mil pedazos.

 

 

Pero entonces llegaste

y aprendiste a coserme

con tus besos.

8 de Mayo de 2010

Vestidos de flores y una bufanda azul.
In memoriam

Te recuerdo… Te recuerdo en tu habitación, la diez diez, con todo desordenado, la cama llena de ropa y Piticli en el cuarto de baño. El fregadero del armario lleno de ropa sucia y zapatos, y en la puerta el abrigo negro colgado en su percha verde. Y tú entre la cama y el escritorio, también lleno de cosas, de cartones de leche Asturiana y platos sin fregar (cuando no usabas los de plástico por vagancia). Y gritabas “¡Dios, Dios, Dios!” mientras se te hacía tarde y no encontrabas lo que te querías poner, o simplemente porque la maraña de cosas te era imposible de ordenar. Y cuando tu madre iba a llamarte hacías memoria de lo que habías hecho (o debías haber hecho) en ese día para contárselo por teléfono mientras le colgabas a Sergio porque estabas con nosotras (y lo más curioso era que le hablabas al móvil como si así fuese a llegarle).

Y es que aún no me hago a la idea… Pero no te preocupes, algún día lograré acostumbrarme, aunque siga teniendo la impresión de que te veo por la calle o de que estás hablando y riendo junto a mí. Descansa, Clara, y espérame, que algún día nos volveremos a ver.

Siempre te recordaré…

Te quiero.